En uno de sus poema dijo: Entonces podré caminar triunfante, como un dios, a través de las ruinas de su reinos.
Cada palabra mía es fuego y acción.
Mi pecho es igual al del Creador.
Las palabras "Levantaré mi trono bien alto" y la confesión de que quien se siente en ese trono emanará solamente terror y agonía, nos recuerda la orgullosa jactancia de Lucifer, "En lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono" (Isaías 14:13). Quizá no fue coincidencia que Bakunin, quien fuera por un tiempo uno de los amigos más íntimos de Marx, escribiera.
Uno tiene que adorar a Marx para ser
amado por él. Al menos uno tiene que
temerle para ser tolerado por él. Marx
es extremadamente orgulloso, hasta la
obscenidad y la locura.
Continuará...

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